Cerrando el círculo – Entrevista a Renzo Piana, Director Ejecutivo del IBC

Conversamos con Renzo Piana al cumplirse sus primeros cien días como director ejecutivo del Instituto del Bien Común – IBC, momento que invita a conocer más sobre sus impresiones y sus planes e ideas para esta organización que ayudó a construir y a la que retorna luego de doce años con un rico un bagaje de experiencias y aprendizajes. Piana es bachiller en ciencias forestales (UNALM, Perú), con maestría en ciencias agrícolas (KVL, Dinamarca) y un doctorado en ecología aplicada (Manchester Metropolitan University, Reino Unido).

¿Cómo se siente el volver al IBC, esta vez como director ejecutivo?

Suena a cliché, pero en cierta forma es como que uno regresa, no a tu casa porque obviamente no es tu casa, pero a una organización que uno le tiene cariño, donde ha aprendido mucho, donde has conocido gente que en cierta forma te ha modelado en tu vida profesional y donde se han tejido redes y amistades. Algunas ya han salido del IBC, otras han quedado, pero en cierta forma no es venir a un lugar nuevo, definitivamente. Y bueno, hay muchas razones detrás de eso, el grado de permanencia de la gente en el IBC es alto, y eso también significa que la gente se siente a gusto trabajando acá, y eso es bueno para una organización.

¡Cómo no pensar en los retos cuando uno habla de esto! Si me hubiera tocado empezar un puesto de director ejecutivo en una organización grande, con 25 años de historia, donde yo no tuviera ningún conocimiento de la organización ni relación personal con la gente que forma parte o que ha formado parte de la organización, el trabajo sería muchísimo más difícil. No me gusta hablar mucho de mí, pero siento que en cierta forma mi venida al IBC ha sido valorada por muchas personas, y eso me hace sentir bien, porque uno nunca espera mucho reconocimiento del trabajo, pero si uno puede hacer un cambio en la vida de las personas y hacer que se sientan más a gusto en la organización donde trabajan, eso me parece bacán, me parece útil, más allá de lo que pueda lograr en levantamiento de fondos o consolidación de programas, etc. Toda esta dimensión humana del trabajo con el equipo es como una suerte de retroalimentación, me da una satisfacción extra. Digamos que para mí es importante y también me da una cierta responsabilidad de no querer defraudar a las personas.

¿Qué se siente de ocupar los zapatos de Dick [Richard Chase Smith]?

Es un reto, pero creo que yo tengo ahí una ventaja, porque he trabajado con Dick, que ha sido mi jefe directo por siete años. Y tú sabes que las relaciones de jerarquía en IBC no son muy verticales que digamos, ¿no? Entonces me ha tocado hacer viajes con él, y alguna vez que estábamos en Oxapampa, Dick me invitó a que me quede en su casa. Entonces eso te permite ver el lado más íntimo de las personas. Lo otro es que, obviamente, Dick, como ser humano, como individuo, como profesional, es una persona integra y muy comprometida con lo que hace, y tiene un trato humano excelente. Eso podría convertirse en un reto, pero también se convierte en un modelo. Es incuestionable el liderazgo que Dick ha ejercido en el IBC y que probablemente todavía sigue ejerciendo después de casi 25 años de fundar la organización. Eso no es fácil de conseguir, ¿no? Ahí hay un mensaje, una lección aprendida que sacar. Yo sí lo puedo ver. Entonces ahí hay algo que replicar, hay cosas que traer, que interiorizar y tratar de mantener.

Obviamente, cada uno tiene su estilo. No te vas a convertir en un clon, tampoco, porque no es la cuestión acá, pero yo sí creo que Dick nos ha dejado muchas cosas que debemos de seguir manteniendo en el IBC. Siempre que pienso en el IBC como organización veo que tiene una suerte de ethos organizacional, como un espíritu, una marca registrada. También está presente en el enfoque que tiene de su trabajo y cómo aborda la gestión de los bienes comunes y cómo lo enlaza con los pueblos indígenas y con la conservación de bosques y otros recursos. Pero también hay toda una dimensión de ese ethos organizacional en las relaciones entre personas, que obviamente no son siempre fáciles y a veces generan tiranteces y puede haber pequeños conflictos, pero se manejan y se solucionan.

¿Qué te has encontrado en IBC?

Yo regreso al IBC después de 12 años, y me he encontrado con una organización que en esencia sigue siendo la misma. Yo no veo mucha diferencia entre el IBC que dejé y el IBC de ahora. O sea, encuentro algunas caras nuevas, que son un gran aporte a lo que somos. Me he encontrado con una organización que ha pasado por una larga transición, que ha perdido a personas muy valiosas a causa de la pandemia, pero que ha resistido, que se ha mantenido, que no ha perdido su espíritu ni su esencia y que está floreciendo nuevamente. Y creo que vamos a seguir floreciendo, por el contexto global, por este renovado interés que hay en la conservación de la Amazonía, por esta preocupación que cada vez es más fuerte y que cada vez permea más a la población. En general, todo este concepto, esta idea de la Amazonía como un agente importante en el mantenimiento del equilibrio climático o como una barrera para evitar el incremento de la temperatura en los cambios globales, el mantenimiento de los regímenes hídricos, etc. y, además, la visibilización de los pueblos indígenas en este rol, encuentra al IBC bien posicionado, con esta mirada que tiene del trabajo.

Somos una organización única, no solamente en nuestro estilo de trabajo, sino en la aproximación del trabajo que tenemos, y veo que nos están tocando la puerta, nos están llamando a reuniones organizaciones que quieren trabajar con nosotros. Eso es producto del trabajo que se ha hecho antes, estamos cosechando lo que se sembró y lo que se ha mantenido con disciplina y con constancia. El IBC ahora está en un excelente momento y vamos a seguir jugando un rol muy importante en la conservación de los bosques amazónicos y de las tierras indígenas, como siempre lo hemos hecho, pero probablemente ahora, espero, con menos estrecheces económicas.

Como dices, el IBC está cosechando el producto de su trabajo …

Algunas organizaciones nos toman como ejemplo. Están empezando a mirar su forma de enfocar su trabajo tomándonos a nosotros como referencia. He tenido reuniones con organizaciones que están enfocando su trabajo en paisajes y apuestan por una mirada de permanencia en estos paisajes que han priorizado a largo plazo, tratando de replicar el enfoque de IBC. Otras organizaciones, que trabajan a mayor escala, están mirando a los pueblos indígenas como actores importantes en la conservación de paisajes amazónicos y también están involucrándose con actores locales, porque más allá de lo que nosotros hacemos en organizaciones indígenas y comunidades, también tenemos todo este trabajo de articulación con gobiernos regionales para la gestión de bienes comunes, de pesquerías, etc. Entonces, hay mucha gente que ha visto lo que hacemos y ve que nuestro enfoque funciona, y está tratando de replicarlo e insertarlo en sus estrategias. Y eso es algo que debemos destacar.

¿Y en el nivel global?

En el nivel global, tenemos siempre una historia que contar y un rol que jugar, con nuestro enfoque de trabajo en paisajes como aproximación a la gestión de los bienes comunes. IBC es una organización singular. Creo que tenemos una solvencia y peso específico en el continente, que es reconocido, por ejemplo, por el rol que tenemos en iniciativas regionales de conservación Amazónica como la RAISG.

¿Contemplas hacer algunas innovaciones o enfatizar algunos aspectos del trabajo del IBC?

Para evolucionar como institución, tenemos que continuar innovando, tenemos que pensar afuera de la caja, sin desnaturalizar al IBC. Uno de los temas que me gustaría traer es un enfoque más de seguridad alimentaria, como parte de la adaptación al cambio climático. Esto va a ser fundamental para los pueblos indígenas. Hay varias formas de abordarlo. A mí me gustaría que lo vayamos interiorizando más, porque también pasa como una forma de rescate de prácticas tradicionales y como una forma de rescate del entorno natural. También pasa por el empoderamiento de grupos excluidos, mujeres, por ejemplo. Está clarísimo que las mujeres tienen un rol fundamental en la seguridad alimentaria de sus de sus hogares, y eso es algo que está un poco invisibilizado, porque cuando uno piensa en los trabajos agrícolas, generalmente piensa en el hombre, en el hombre tirando pala y machete, pero es la mujer la que hace el trabajo en el día a día de la chacra, deshierba, desmaleza, controla las plagas, etc.

Como dije, la seguridad alimentaria es importante en el marco de la adaptación al cambio climático. Puede parecer una frase muy trillada, pero los pueblos indígenas son maestros en la adaptación al cambio climático. Estamos en un escenario de cambio climático donde parte de la Amazonía se va a secar y los regímenes fluviales y pluviales van a ser menos predecibles y eso va a afectar la forma como la gente planifica su calendario agrícola, afectando la productividad, la incidencia de plagas, etc. Entonces la seguridad alimentaria es algo que deberíamos poner en nuestra agenda institucional. Ya lo hacemos, en cierta medida en Loreto, con la gestión de pesquerías y con los planes de manejo de fauna silvestre con aprovechamiento de carne de monte. Ahora, obviamente, en mi corazoncito de investigador también planteo algunas preguntas sobre la sostenibilidad de las poblaciones silvestres bajo extracción, y eso es algo que podemos mirar. Sigo pensando que la fauna silvestre, igual que las pesquerías, son un recurso sumamente valioso para la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas.

Algunas organizaciones, a veces con criterio pseudocientíficos, tienden a meter en el mismo saco la cacería de subsistencia con la cacería de trofeos. Pero la realidad es que muchos pueblos indígenas todavía dependen de la carne de monte para complementar su ingesta de proteínas. Y ese es un servicio que provee el bosque, y eso debe tratar de mantenerse. Me gustaría mirar eso en más detalle, bajo la forma de un subsidio de la naturaleza para la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas.

Entrevista realizada por María Rosa Montes, coordinadora de desarrollo institucional y comunicación – Instituto del Bien Común.